Durante la primavera, especialmente entre marzo y junio, la alondra ricotí necesita una buena cantidad de insectos para alimentarse y sacar adelante a sus crías. Por eso, saber cuánta biomasa de insectos hay en su hábitat es clave para entender sus posibilidades de supervivencia.

Figura 1. Coleópteros coprófagos alimentándose de los excrementos de oveja en el páramo.
Desde el proyecto LIFE Connect Ricotí, se están llevando a cabo estudios para medir esa cantidad de alimento disponible. ¿Cómo lo hacemos? Utilizando unas trampas muy sencillas colocadas en el suelo: se introduce un tubo de PVC en un pequeño agujero, dentro del cual se coloca un vaso con propilenglicol (una sustancia que conserva los insectos). Esto actúa como una trampa, donde caen los insectos que se mueven por el suelo. Después de una semana, se recogen las trampas y los insectos capturados se conservan en etanol para su análisis en el laboratorio.

Figura 2. Colocación de trampas pitfall en las parameras de Molina de Aragón.
Este trabajo de campo se realizó durante los meses de mayo y junio en tres áreas clave para la especie y que están dentro del proyecto: Hoces del Duratón y Riaza (Segovia), Parameras de Molina (Guadalajara) y Valeria, Moya y Pedro Izquierdo (Cuenca). Ahora, las muestras ya están listas para ser analizadas y seguir aportando información valiosa para la conservación de esta especie tan amenazada.


