La descomposición de la materia orgánica es un proceso esencial que libera nutrientes asimilables para las plantas y los microorganismos. Durante este proceso, crítico para la vida en la Tierra, se emite dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera. La actividad de los microorganismos descomponedores juega un papel clave, ya que su presencia y eficiencia dependen de las condiciones ambientales. Factores como la temperatura, la disponibilidad de oxígeno y la calidad del material vegetal también pueden acelerar o ralentizar la descomposición, influyendo en el ciclo de nutrientes y la fertilidad del suelo. Así, la tasa de descomposición varía según el clima y factores del suelo como la humedad, la acidez y el contenido de nutrientes.

Fotografía 1. Técnicas de campo colocando bolsas de té en la ZEPA Hoces del Río Riaza, en la provincia de Segovia. Créditos: Noé Cuesta.
Para evaluar la descomposición, se emplean bolsas de material vegetal que se pesan antes y después de ser enterradas en el suelo. Se ha desarrollado un método basado en bolsas de té, validado científicamente y utilizado en varios países a nivel internacional. Este método permite calcular un Índice de Bolsa de Té (Teabag Index), facilitando la comparación de tasas de descomposición en diferentes regiones y mejorando los modelos de predicción del cambio climático.

Fotografía 2. Bolsas de té (Rooibos y té verde) utilizadas para los muestreos de las teabags. Créditos: Noé Cuesta.
Dentro del proyecto LIFE Connect Ricotí, el experimento se ha llevado a cabo de manera continua desde 2022. En esta temporada y durante el mes de marzo se realizó la colocación de bolsas de té en diferentes puntos de Segovia, Cuenca y Guadalajara. Estos puntos coinciden con las áreas de estudio de la alondra ricotí, por lo que todas las bolsas fueron colocadas en páramos y estepas. Durante el mes de junio se llevará a cabo la recogida y el posterior secado en laboratorio para comprobar su peso final y la tasa de descomposición.

Fotografía 3. Las bolsas de té son enterradas a una profundidad aproximada de 8cm del suelo. Créditos: Noé Cuesta.
